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Béziers

UNA MEDIA LUNA ENROSCADA CONTRA EL RÍO

Un bloque de piedra impasible, inquebrantable. La ciudad aprieta contra su pecho todos los vestigios de su historia – sus ricas mansiones, sus palacetes, sus iglesias – que sin embargo fueron testigo de dramas. No sabemos si estremecernos o maravillarnos, entonces deambulamos de iglesia romana en catedral, entre los fantasmas de un pasado violento: en la Madeleine, en 1167, fue asesinado Raymond Trencavel, y en 1209, cientos de personas, cátaros o asimilados, perecieron quemadas. Pero felizmente la historia trae un cambio de aire, y así somos aspirados de pronto hacia el corazón de la burguesía vitícola. El arte se asienta en la ciudad y nacen pasiones, talentos: arquitectos y escultores, Injalbert a la cabeza. A ese rostro más sereno se añaden unos miembros fluidos: aquí nació el Canal de Midi, con el ingenio de un tal Riquet, nativo del lugar. Así, los toneles de vino transitan por la ciudad hasta alcanzar otras tierras, otros mares. En el siglo XIX, Béziers se convierte en la capital vitícola de un Languedoc efervescente, antes de vibrar al ritmo de la tauromaquia y el rugby.

 

 

 

AL SON DE CINCELES Y MARTILLOS

Aquí hay un nombre que resuena en cada uno de los lugares visitados, murmurado, repetido, en carteles, o aún con mofa: el de Injalbert (1845-1933), cuyo talento llegó a ser reconocido en París, y hasta en Italia. Fue profesor de la Villa Medicis, luego de la escuela de Bellas Artes de París y, por último, miembro del jurado de la Exposición universal. Seguimos su sombra por los jardines de su residencia veraniega, la villa Antonine, plaza Injalbert, vagando y estudiando algunas de sus obras, bajo la glorieta, antes de llegar al Cementerio Viejo, en donde algunas tumbas conservan la huella de su cincel. En el Plateau des Poètes (la Meseta de los Poetas), su fuente del Titán se yergue con brío, mirando de arriba abajo su Enfant au poisson y sus bustos de poetas de la ciudad y de Francia, como el de Victor Hugo. Por último, el museo de Bellas Artes, en la mansión Fayet, alberga algunos esbozos y realizaciones finales, legadas por el maestro a su ciudad natal.

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